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González de Vega, Gerardo

Doncellas y dragones

Antología de cuentos de los libros de caballerías
Miraguano Ediciones
Colección: Libros de los Malos Tiempos nº 133
: 978-84-7813-457-1
Libro Impreso
: 392
Dimensiones: 12 x 19 cm

Ningún género de la literatura española se puede comparar, en términos de la cantidad de obras que produjo y el entusiasmo que suscitó en su tiempo, con los Libros de Caballerías. Durante todo el siglo XVI, y aun después, villanos y nobles, clérigos y seglares, ciudadanos y campesinos, disfrutaron sin respiro de las historias de los caballeros errantes. Carlos V, Francisco I, santa Teresa de Jesús o san Ignacio de Loyola, y por supuesto Cervantes, figuran entre sus más apasionados lectores. Entre sus autores se cuentan la primera mujer novelista de Occidente, Beatriz Bernal, algunos literatos conocidos como el cronista Oviedo –el primer europeo que escribió una novela en la recién descubierta América–, el humanista Antonio de Torquemada o el inefable Feliciano de Silva, pero además una nutrida tropa de letrados, capitanes, rentistas, funcionarios y hasta un curandero morisco, con nombre o anónimos, que de su pasión lectora y de sus ilusiones sacaron inspiración para componer sus propias historias caballerescas. Las andanzas de los Amadises, Palmerines, Febos y demás se tradujeron e imitaron en todas las lenguas cultas e incluso funcionaron como modelo no sólo de ficción sino de civilización en todas las sociedades europeas de su época.


La parodia del Quijote –el último de los libros del género que se escribió– tuvo la consecuencia, sin duda no deseada por su autor, de servir de coartada para que la historiografía posterior optara por privarse del placer de seguir leyéndolos. Sin embargo, los temas de los que trataban y la emoción con que se narraban siguen vigentes porque continúan vivos, en tanto que amor, fantasía, sueños, humor o aventuras son asuntos eternos de la humana condición. De todos ellos podrá disfrutar el lector actual de esta Antología de cuentos de los Libros de Caballerías, y comprobar hasta qué punto caballeros y doncellas, hechiceras y dragones y los amenos relatos de sus extraordinarias peripecias, forman parte aún de nuestra cultura.