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En Stock
Hernández Argüelles, César

Breve Historia del Videojuego

A. Madrid Vicente Ediciones
: 978-84-89922-09-9
Libro Impreso

Libros y tratados sobre videojugos hay muchos; escritos originalmente en castellano unos pocos, y de estos, que valgan la pena, se pueden contar con los dedos de la mano de un yakuza chapucero. Puede que sea por la carencia de rigor que caracteriza al juntaletras ibérico, individuo que se cansa fácilmente cuando se ha de autocorregir y ha de googlear más allá de las cuatro esquinas de la Wikipedia, quizá por eso cada día abundan más los tratados académicos que abanderan aquello tan patrio como es el esperpento al que se refería Valle-Inclán, giliflauteces así como con el ceño fruncido, gafotas y escoba metida en el tracto anal. Esta tendencia se ha convertido en moda porque es fácil escribir al tuntún, tan fácil como, repito, fusilar la Wikipedia o ampararse en bibliografías ajenas so riesgo de meter la misma pata que otros, antes, también pudieron, pudieran o pudiesen meter. Internet puede ser maravillosa, Internet puede ser nefasta no por su uso sino por el exceso de confianza que le podamos profesar. Pero sin Internet ¿se puede escribir un libro medianamente fiable sobre videojuegos? Probablemente.

César Hernández Argüelles no fue el primero en escribir un libro sobre videojuegos en castellano —Breve Historia del Videojuego, Ed. A. Madrid Vicente, 1998— pero sí del único que nosotros, los simpatizantes, hemos dejado rastro en Internet. Su título es una declaración de principios que no engaña, 128 páginas, y representa un excelente punto de partida para el neófito que se abruma ante otros tochazos más recientes de doscientas, trescientas o mil páginas. Y para el que esté metido en el ajo encontrará hasta trescientas ochenta y siete menciones —¡387!— a nombres de videojuegos, empresas y modelos de ordenador o consolas. No es un libro académico, no es exhaustivo ni pretende serlo, es de lectura comodísima y de merecido respeto.

Breve Historia del Videojuego debería ser el libro que todo fanboy debería tener desde el minuto uno aunque sea para tenerlo —y leerlo, claro— como referencia antropológica. Publicado en el 98 debería haberse escrito pocos meses antes, tiempos en los que Google aún era un feto binario —se creó el 4 de septiembre de ese 1998— y la información disponible era limitada, acotada y reducida. La información estaba ahí, sí, y también estaba donde ha estado siempre, en la memoria y en los recuerdos de los aficionados, de los estudiosos y de los interesados, en los cerebros de gente como don César, reductos meridianamente fiables pero, a su vez, atronadoramente francos y sinceros.